El arte de la animación

El anime entra en la categoría de arte y con él, su animación, siendo una de las formas creativas que ha hecho mayor presencia dentro de la sociedad actual. De ello podemos encontrar desde películas largometrajes, hasta series presentadas en horas de máxima audiencia, bien sea en la televisión o cortos en la web. Y es que la animación se encuentra presente en una gran variedad de usos gracias a las nuevas tecnologías.

De acuerdo a la Asociación Internacional del Cine de Animación (ASIFA), esta define la animación como “la creación de imágenes en movimiento por medio de la
utilización de diferentes clases de técnicas, con la excepción de la toma de vistas directas”. Pero si nos remitimos a términos más generales y en conjunto con la filosofía de lo que es una imagen animada, la animación se trata del movimiento dibujado, mas no, de unos dibujos que se mueven. De modo que, la animación es entonces, un medio de expresión de carácter universal.

La animación puede traducirse como “el arte de lo imposible” de acuerdo a Paul Wells, en donde es posible que se den numerosas formas a fin de realizar la animación, la cual dependerá de la técnica que sea empleada y de la creatividad de los animadores. La misma puede ir más allá de los clichés y de las formas estandarizadas que han establecido la animación tradicional o comercial.

Del mismo modo que lo han hecho todas las formas de arte dentro de la historia, y en especial la animación, existen grandes cantidades de historias que aún se encuentran siendo investigadas. Una de estas se trata del particular modelo de la animación japonesa, cuyas características claves son la animación limitada, la expresión en plano, la suspensión del tiempo, su amplitud temática, la presencia de personajes históricos, su compleja línea narrativa y sobre todo, un particular estilo
de dibujo, donde los personajes se caracterizan por tener ojos grandes y ovalados, de línea muy definida, colores llamativos y movimiento reducido de los labios.

Más allá de que ha sido innegable su expansión alrededor del mundo, encontrar con exactitud el origen de la animación japonesa podría traer de manifiesto algunas controversias de gran relevancia, sobre todo si la misma conlleva la modificación de la fecha de determinados hitos que se han sido considerados incuestionables dentro de la historia de la animación.

La investigación referente al origen del manga se ha estructurado en tres partes donde la primera contiene una revisión de la etimología y de las aplicaciones que conlleva la palabra anime. Seguidamente, en la segunda parte se tiende a establecer una precisión acerca del origen del anime japonés, que en la actualidad aún no ha sido suficientemente clasificado o aclarado a manos de las publicaciones historiográficas de occidente; finalmente la tercera y última alcanza una contraposición de las aportaciones que han sido decisivas en cuanto a los pioneros de la animación fílmica de la misma forma en la que han ido quedado registrados y fechados hasta la actualidad, a los que se le suman hallazgos recientes de arqueología cinematográfica llevados a cabo en Japón y con los que podría llegar a cuestionar la hegemonía estilística de la animación occidental que se ha mantenido durante largas décadas.